He sido presa fácil de los narcisistas.

Son expertos en detectar a personas que arrastran historias personales vulnerables y dolorosas.

Se alimentan de los miedos, inseguridades y de las heridas emocionales de sus víctimas.

Y el problema no es que haya hijos de puta por el mundo (siempre los habrá).

Sino que sigas sintiendo, pensando y actuando como una víctima.

Esto es lo que te hace débil frente a mentes perversas.

Hasta que no me di cuenta y asumí mi parte de responsabilidad, mi historia con las narcisistas no cambió.

Ahora los huelo de lejos.

Pero hoy quiero hablarte de lo mucho que puedes aprender de estos Gollum peligrosos.

El psicoanalista austriaco Heinz Kohut decía que el narcisismo no es solo una patología. También es una herida no reconocida.

Una máscara brillante que tapa un abismo.

Y aunque parezca paradójico, el narcisista también sufre. Pero no por ti.

Sufre por no poder controlar el mundo a su antojo.

Durante tres años, conviví con una bomba de relojería vestida de salvador.

Parecía un aliado. Sonreía. Me apoyaba. Me ofrecía ayuda como un hermano de guerra.

Pero mientras yo le daba mi confianza, él tejía su red para quedarse con mi puesto de Directora.

Y esto fue lo que aprendí de este ex-compañero maquiavélico:

1. La persuasión como arma de guerra

Sin saberlo, tenía delante de mí a un maestro de la persuasión.

Se metía en la mente de la gente como un gusano en el corazón de una manzana.

Detectaba puntos de dolores como un rayo.

Sabía escuchar como nadie, mostraba interés en todo lo que decías y parecía empático y compresivo.

Por desgracia, su gran capacidad de influir se convertía en manipulación.

Solo buscaba su propio interés, no el de la persona de enfrente.

En mi caso, sabía que estaba harta de liderar un equipo que no se implicaba, que el trabajo ya no me llenaba y que me sentía estancada.

“Tranquila Susana, déjamelo a mí. Esto lo cambiamos tú y yo.”

Primero me hizo sentir salvada. Le delegué (gran error) la gestión de personal sin saber que le estaba dando la munición perfecta.

Después, me fue aislando poco a poco del equipo y de mi jefe hasta convertirme en la mala de la película.

Aprendizaje: Identificar lo que le duele a las personas de tu entorno aumenta tu influencia, pero siempre que la uses para ayudar y apoyar, no para destruir.

2. Ponerse en valor (sin ser un engreído)

El día que lo contratamos y leí su curriculum, pensé: “Dios, este tío es la caña. Ha trabajado en todo lo importante”.

Hasta que descubrí, años después, que incluía absolutamente cualquier nimiedad como si fuera un Nobel.

Y me di cuenta lo tonta que fui.

Llevaba 15 años creando, desarrollando y ejecutando 20 proyectos sociales anuales de todo tipo. Para mí era una rutina que no valoraba.

Y lo que tú no valoras, los demás tampoco.

Aprendizaje: No se trata de mentir, pero sí de aprender a contar con orgullo tu recorrido. O los farsantes te pasan por encima.

3. El arte de venderse (y cómo lo usan contra ti)

En menos de un año, logró que lo nombrara coordinador, que le subiera el sueldo y que lo aplaudieran como el salvador de la asociación.

Mi labor durante tantos años sacando a flote el barco quedó sepultada bajo el humo de su discurso vacío.

Un crack.

Sabía vender todo lo que hacía (yo no).

Aunque lo que saliera por su boca fueran gilipolleces, tenía un don para impactar en cierto de tipos de personas que lo veneraban.

Aprendizaje: Saber venderse a uno mismo es la mejor habilidad que puedes desarrollar en tu vida personal y profesional. Por supuesto, sin caer en el ego, en la vanidad ni en la soberbia. Y sin dejar cadáveres en tu camino.

4. La imagen sí importa

Siempre iba al trabajo impecablemente vestido, peinado y aseado.

Es un tipo atractivo y sabe sacar provecho de su ventaja física.

Y esto siempre genera una percepción de seguridad en uno mismo.

Es un ejemplo claro del famoso principio de persuasión de Robert Cialdini: el principio de simpatía.

Las personas atractivas o que se presentan bien, generan más simpatía y más influencia en los demás.

Sí, tu físico y apariencia importa (y mucho).

Y esto no tiene nada que ver con ser guapo. Hay feos que causan sensación por su personalidad y actitud.

Aprendizaje: Cuida tu imagen y la primera impresión porque nunca sabes si será la última.

5. Pensar estratégicamente

Era (y es) un ajedrecista emocional.

Cada conversación tenía un propósito oculto. Cada gesto, un cálculo. Cada movimiento, una meta.

A los que lo calaban pronto, los eliminaba rápido.

Recuerdo a una miembro de la junta directiva que me aviso de sus intenciones, de que iba a por mi puesto.

No la creí (por desgracia).

Él se encargó durante meses de hablarme mal de ella. Sembraba dudas para lograr sus objetivos.

Cuando alguna vez aplicaba (para bien) su pensamiento estratégico al trabajo, los resultados eran sorprendentes. Logramos muchos avances en la asociación gracias a sus ideas.

Una pena que fuera tan retorcido.

Aprendizaje: Observar cómo piensa un narcisista, cómo elabora sus planes te enseñará a pensar de forma estratégica, inteligente y con calma.

6. La impulsividad bajo control

Este fue, quizás, el mejor aprendizaje.

No gritaba. No perdía los papeles. No reaccionaba en caliente.

Y eso, al principio, me deslumbró.

Ante mi impulsividad y emocionalidad inestable, admiraba su temple, su autocontrol.

Dominaba sus emociones como un francotirador controla su respiración antes de disparar.

La reactividad te hace perder el poder en cualquier situación. Y él lo sabía.

Cuando descubrí al personaje que tenía enfrente, use este arma contra él.

Me senté un día con él y con toda la frialdad del mundo le solté: “Ya no me fío de ti. Si fuera por mí, ya estarías en la calle. Pero la decisión la tiene la junta directiva. Tendrán que decidir entre tú o yo. Mientras lo hacen, ya no formas parte de mi equipo ni te daré más responsabilidades”.

El tipo temblaba como un cerdo en un matadero.

Fue el momento en el que recuperé mi dignidad perdida y gané la guerra.

Al mes siguiente, presentó su carta de dimisión.

Aprendizaje: Pensar antes que actuar. No decidir en caliente. No ser esclava de mis emociones.

Si en tu camino te encuentras a algún narcisista o ahora mismo tienes uno en tu vida, lo único que te recomiendo es aprender y observar lo que piensan, dicen y hacen, para emplear las mismas técnicas y estrategias contra ellos.

Susana Guzmán

Los comentarios están cerrados, pero los trackbacks y los pingbacks están abiertos.